BIM aplicado al Patrimonio Cultural
Una iniciativa loable, un camino equivocado

Una iniciativa loable, un camino equivocado

Disclaimer: “Esta crítica pretende ser una opinión personal, lo más constructiva posible, y con la mayor de las simpatías”
La iniciativa loable.

Hace unos meses un amigo, que conoce bien mi sensibilidad hacia las cuestiones relativas al patrimonio cultural, llamó mi atención sobre una iniciativa colectiva de catalogación del patrimonio cultural de Galicia. Su nombre es Patrimonio Galego, y tiene por objetivo construir una base de datos de los elementos del patrimonio cultural a través de una red de colaboradores voluntarios. Para sistematizar la catalogación el equipo responsable ha realizado una Ficha Tipo de catálogo, así como un Catálogo de Tipos de Bienes que incluyen tanto bienes materiales como inmateriales, y dentro de los bienes materiales los muebles e inmuebles.

En estos momentos la iniciativa cuenta con 6.017 bienes catalogados, que incluyen todo tipo de elementos patrimoniales, en las 4 provincias. Existe un índice-buscador para localizar los bienes indexados, que conduce a la ficha del elemento, donde se contemplan datos referentes a localización, propiedad, uso, cronología, descripción, estado de conservación, etc. Cuando en el proceso de catalogación se detectan bienes en auténtico peligro de conservación, se incluyen en una Lista Roja de bienes culturales en peligro inminente. El proyecto incorpora otros apartados relevantes, como por ejemplo, un resumen de la normativa aplicable en materia de patrimonio cultural, una relación de asociaciones que trabajan en la defensa del patrimonio, o los mecanismos para denunciar agresiones a los bienes culturales.

Pero lo más importante de este proyecto es, sin lugar a dudas, su carácter abierto y participativo. Si la conformación de los bienes del patrimonio requiere del reconocimiento de los valores artísticos, pero también de los valores históricos, sociales y culturales que definen la naturaleza del bien cultural, la participación de la sociedad en el proceso de reconocimiento de dichos valores supone una materialización de los mismos, una visualización directa del volcado de la memoria colectiva sobre el objeto cultural. El acto de de catalogación se convierte, de este modo, en el documento que expresa el irrevocable compromiso de una sociedad con los valores identificados en el objeto cultural, en un testigo insobornable de su existencia, que conlleva, necesariamente, la necesidad de su protección para su conocimiento y legado a las generaciones venideras. Frente a la visión ilustrada que se desprende de las normas urbanísticas y de las leyes de protección del patrimonio, que delegan en los técnicos la elaboración de los catálogos de bienes culturales objeto de protección, y que luego requieren del refrendo del tiempo para certificar su exactitud, valor, comprensión y eficacia, la gestión colectiva y comunitaria de la generación de un catálogo cultural garantiza, hasta cierto punto, una relación cierta entre el valor reconocido y la sociedad que patrimonializa dicho valor.

Un poco de teoría.

La elaboración de los catálogos de patrimonio cultural constituyen un deber recogido en la legislación urbanística de Galicia. La Ley de Ordenación Urbanística de Galicia define, en su artículo 4, como fines de la actividad urbanística, entre otros:

  • Preservar el medio físico, los valores tradicionales, las señas de identidad y la memoria histórica de Galicia.
  • Conseguir la integración armónica del territorio y proteger los valores agrarios, forestales y naturales y la riqueza y variedad arquitectónica, fomentando el empleo de las formas constructivas propias de las diversas zonas y garantizando su integración en el medio rural.
  • Fomentar la ordenación y mejora de los medios rurales, evitando la degradación y la pérdida de las construcciones tradicionales, favoreciendo el uso y goce del medio rural.

Para alcanzar estos fines la LOUG determina la obligatoriedad de integrar entre las determinaciones de los planes generales, el catálogo de los elementos que, por sus valores naturales o culturales, o por su relación con el dominio público, deban ser conservados o recuperados, con las medidas de protección que procedan (artículo 53.1.f).

De igual modo, todos los instrumentos de planeamiento deben contener, obligatoriamente, un catálogo, que tiene por objeto identificar las construcciones, recintos, jardines, monumentos e inmuebles u otros elementos que, por sus singulares características o valores culturales, históricos, artísticos, arquitectónicos o paisajísticos, se considere conveniente conservar, mejorar o recuperar (artículo 75).

Cada elemento catalogado debe incluir una ficha individualizada, en la que se identifique y localice el elemento, se describan sus características artísticas, su estado de conservación, y se establezcan las determinaciones para su conservación, rehabilitación, restauración o recuperación. Es necesario, igualmente, delimitar un ámbito de protección, entorno en el que se considera cualquier elemento interior como parte del propio bien cultural catalogado.

Por su parte, la Ley del Patrimonio Cultural de Galicia clasifica el patrimonio cultural, a efectos de su protección, en:

  • Bienes declarados. Los considerados Bienes de Interés Cultural, luego de la incoación del oportuno expediente.
  • Bienes catalogados.  Los que se incorporen al Catálogo del Patrimonio Cultural de Galicia.
  • Bienes inventariados. Aquellos que, sin estar entre los anteriores, merezcan ser patrimonio y se incorporen al Inventario General del Patrimonio Cultural de Galicia.

El Inventario General del Patrimonio Cultural de Galicia está constituido por los bienes declarados de interés cultural, los bienes catalogados, y aquéllos que sin estar incluidos en ellos merezcan ser conservados. La inclusión de un bien en el Inventario General, en el caso de bienes que no sean de Interés Cultural o catalogados, se realizará de forma individual o colectiva, previa tramitación del expediente preceptivo.

La disposición adicional segunda de la Ley del Patrimonio Cultural de Galicia incluyó en el Inventario General del Patrimonio Cultural a todos los bienes incluidos en los catálogos de las Normas Complementarias y Subsidiarias de Planeamiento, así como los contenidos en el catálogo de cualquiera otra figura de planeamiento.

Por tanto, puede establecerse una cronología histórica en la elaboración del Inventario General del Patrimonio Cultural de Galicia, que nace en el reconocimiento como Bienes de Interés Cultural de todos aquellos Monumentos declarados en tiempos anteriores al período democrático. Continúa con la elaboración de los catálogos de las Normas Complementarias y Subsidiarias de Planeamiento Provincial, anteriores a la existencia de planeamiento municipal, y que se desarrolla en los tiempos actuales con los catálogos e inventarios de bienes contenidos en las distintas figuras de planeamiento que se han desarrollado a raíz de la LOUG. La característica más relevante de este proceso es que se trata de un proceso sistemático y homogéneo, equiparable en cuanto a contenidos y determinaciones para todos los elementos inventariados, con un soporte técnico y con una responsabilidad jurídica. Y estos aspectos del proceso se han revelado como necesarios para una catalogación veraz, creíble y efectiva para la defensa y conservación del patrimonio. Veraz, porque supone la no inclusión de elementos de falso valor cultural, falsos históricos, o elementos incompletos en sus valores (artísticos pero no históricos, por ejemplo). Creíble, porque la falta de credibilidad de un elemento catalogado puede llegar a invalidar la totalidad del catálogo, poniendo en peligro la conservación y protección del patrimonio en el recogido. Y efectiva, porque una correcta catalogación supone el paso inicial sobre el que se fundamentan las acciones de conservación, restauración, rehabilitación y difusión de los bienes patrimoniales.

El camino equivocado.

Lo que he querido señalar hasta el momento es que, en Galicia (que es el ámbito que conozco) no existe un problema de catalogación de bienes culturales. Al contrario, en el universo de la protección y ordenación del patrimonio cultural, la catalogación constituye el proceso mejor definido, más reglado, más aceptado, y que mejores resultados ha proporcionado, aún teniendo pendiente la materialización física del Inventario General del Patrimonio Cultural de Galicia. Todas las acciones de conservación y protección del patrimonio cultural han nacido de una ficha de catálogo recogida en alguna de las figuras de planeamiento, sean normas subsidiarias, planes de ordenación municipal, planes de protección de la ciudad histórica, etc. Igualmente, ha sido la inclusión en catálogos de los entornos de protección la que ha permitido ejercer una protección preventiva a las comisiones provinciales de patrimonio sobre los proyectos e intervenciones en dichos entornos de los bienes protegidos, y tomar las medidas correctoras o disciplinarias necesarias para la conservación de los bienes. Este proceso ha sido tan efectivo, que en gran medida ha supuesto un cambio de mentalidad respecto a lo que significa el visado previo de las comisiones de patrimonio sobre los proyectos, estando hoy generalmente aceptada la necesidad y vigencia de sus resoluciones.

Por otra parte creo, tal como desarrollé anteriormente, que las virtudes de un proceso colectivo de catalogación de los elementos del patrimonio cultural no suponen una ventaja sustantiva sobre el sistema de catalogación vigente. Y, por el contrario, sus insuficiencias (falta de homogeneidad, de sustento técnico y teórico, de credibilidad, de veracidad, de soporte jurídico efectivo) suponen una barrera insalvable para dar validez al proceso. Entendiendo que ambos sistemas son perfeccionables, encuentro muy difícil considerar en igualdad a los catálogos existentes con el resultado que trasluce en la web de Patrimonio Galego. Pongamos como ejemplo el caso de un elemento de la lista roja: la Iglesia  de Santa Baia de Palio, en la parroquia de Rodís, ayuntamiento de Lalín. Patrimonio Galego lo cataloga con una ficha razonablemente exhaustiva, aunque comete el error de asignarle un carácter parroquial (parroquia de Cercio) que ya no le pertenece (parroquia de Rodís). Sin embargo, la ficha de catálogo del Plan General de Ordenación Municipal de Lalín ya hizo ese trabajo adecuadamente, asignándole además un nivel de protección patrimonial: Protección Integral. El contenido de la ficha, sin ser un modelo de extensión, es suficiente para iniciar cualquier tipo de intervención de conservación y restauración, al tiempo que constituye un soporte legal válido para exigir las medidas necesarias para su protección, según recogen las disposiciones legales de la Ley del Patrimonio Cultural de Galicia. Duplicar un Inventario General del Patrimonio Cultural sin mayor beneficio que el del registro colectivo supone un desperdicio de unas energías colectivas tan difíciles de reunir y canalizar en defensa del bien común.

Sería un ejercicio poco constructivo no apuntar o sugerir un uso más provechoso, a mi entender, de esas energías tan valiosas y escasas. Aceptando que el proceso de catalogación no es el eslabón débil en la protección del patrimonio cultural (al contrario, es el único que se ha mostrado efectivo y productivo), lo lógico es apuntar a aquellos elementos de la cadena que no se encuentran en verdadero uso, sin menoscabo de las virtudes que un proceso de relación colectiva entre la sociedad y el patrimonio aporta a su difusión, comprensión y conservación. Algunos ámbitos de actuación en los que es necesario intervenir y en los que resulta procedente la acción comunitaria son:

  • Identificar elementos del patrimonio cultural no inventariados e incoar expediente de dichos elementos. Ello supondría un aprovechamiento del trabajo desarrollado hasta el momento, dado que una parte del inventario realizado recoge elementos no incluidos ni en los catálogos de normas subsidiarias ni en los catálogos de las figuras de planeamiento.
  • Difusión de los bienes culturales catalogados. Esta es una labor mucho más importante que la mera catalogación, en tanto que la función social del patrimonio depende directamente de su vínculo con la sociedad, en aras de su reconocimiento y puesta en valor. Tomar un catálogo de un plan general o de una figura de planeamiento, y documentarlo a fecha vigente, constituye un punto de partida extraordinariamente poderoso para poder realizar otro conjunto de actuaciones colectivas de defensa y conservación de los bienes culturales.
  • Seguimiento del estado de conservación de los elementos catalogados a fecha dada, partiendo de los datos recogidos en las fichas de catálogo. De este modo es posible establecer la urgencia de actuaciones de conservación o incluso de consolidación para frenar el deterioro o la pérdida de los valores que constituyen el objeto de protección patrimonial.
  • Iniciativa en la denuncia de la falta del deber de conservación por parte de los titulares de la propiedad de los bienes culturales, sean públicos o privados, o de las agresiones acometidas a los bienes o dentro de su entorno de protección.
  • Impulso y promoción en la realización de proyectos de conservación del patrimonio. Si algo nos demuestra la historia democrática de España es que nada hay más eficiente que la presión ciudadana para que las administraciones cumplan con su deber.
  • Cualquier otra que refuerce el vínculo entre la sociedad y los valores culturales contenidos en los objetos culturales.

En cualquier caso, aunque mi punto de vista sobre lo que debe ser la acción colectiva sobre el patrimonio sea diferente a la de los responsables del proyecto de Patrimonio Galego, cabe mi felicitación por haber canalizado las energías comunes en defensa del patrimonio cultural. Ánimo y a continuar con vuestra labor.

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