BIM aplicado al Patrimonio Cultural
Las cosas de la Catedral: chivo expiatorio

Las cosas de la Catedral: chivo expiatorio

Dice el refrán que cuando el sabio señala la Luna el tonto mira el dedo. Estos días anda el patio exaltado con la apertura de juicio al excelentísimo señor ladrón del Códice Calixtino, de profesión dizque electricista de la Catedral de Santiago de Compostela, Bien de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad. Nada menos. Como parece que no hubo suficiente con la confesión del robo, ahora se publican unos vídeos de las cámaras de seguridad en los que se aprecia como el personaje, sin rubor y con toda la tranquilidad del mundo, se apropia de los dineros que se encuentran repartidos en el despacho del “administrador”.

Parece que el deseo, tanto de la curia como de la política, y sus medios afines, es que veamos el dedo en vez de la Luna. Y por tanto, nos repiten a todas horas que el famoso técnico en instalaciones eléctricas “afanó” más de cuarenta y tantas veces los dineros de los cepillos de la Catedral. Y documentos. Y el propio Códice. El exelectricista es más famoso, a estas horas, que el propio Nicolás. Pero mientras miramos el dedo con cara de electricista-chorizo, no vemos la Luna con la sonrisa luminosa de los verdaderamente responsables de tamaño desastre, nunca suficientemente explicado al vulgo popular: los miembros del Cabildo Catedralicio y su antiguo Deán: José María Díaz.

Parece que hoy, el honorable expresidente del Cabildo debía pasar por el juzgado a prestar declaración. Pero lo hará en calidad de testigo, cuando la verdadera situación procesal suya debería ser la de colaborador necesario, además de ser imputado por negligencia en la protección de un Bien de Interés Cultural. Nunca un acontecimiento como el robo del Códice Calixtino supuso un ejemplo tan perfecto de un modelo de desastrosa gestión. Veamos:

  • Tal como se ve en los videos, los dineros andaban desperdigados en bolsas del Carrefour, cajones sin llave, armarios francos, etc.
  • Como esos dineros no estaban contabilizados ni declarados, obviamente, no se puede denunciar el robo de un dinero que “oficialmente” no tienes. Impunidad para el caco.
  • Esos dineros, que alguna fuente ha cifrado en 3 millones de euros anuales, nunca se emplearon para la restauración, mantenimiento y conservación de la Catedral, pues esas intervenciones eran siempre reclamadas bien a fundaciones, bien a la administración, vía Consellería de Cultura.
  • Los trabajos del electricista no están registrados en el archivo de intervenciones de la Catedral. De hecho, no sabemos si existe ese archivo. La única intervención eléctrica documentada fue la iluminación del altar mayor, que por supuesto, hizo la Consellería de Cultura.
  • Dichos trabajos “debemos suponer” que cumplían la reglamentación vigente. Algo verdaderamente importante, dado que un fallo eléctrico en un entorno de tablas del siglo XVII, carcomidas y convenientemente impregnadas de toda clase de óleos, aceites y barnices inflamables, suponen un riesgo manifiesto de incendio.
  • El respeto del exdeán por su templo llegaba al extremo de iniciar trabajos de reforma de alguna de sus capillas sin informar a la Consellería de Patrimonio, como quién hace una obra de reforma en su casa sin licencia y de noche, para no llamar la atención.
  • El concepto de José María Díaz sobre como gestionar la Catedral se resume en encargar proyectos complejos, que requieren de la implicación de varias instituciones, para luego no ejecutarlos ni pagarlos.

Sinceramente, esto no puede seguir así. Por negligencias infinitamente menores en la conservación de BICs se han abierto expedientes sancionadores que han acabado en multas e incluso en la expropiación del bien. El tercer templo de la cristiandad no puede estar gestionado como un cortizo, sin un plan de conservación sistemática, sin una documentación exhaustiva de cada intervención, sin una gestión profesional del templo capaz de generar ingresos que se puedan invertir en su conservación, sin depender eternamente de los presupuestos y de la caridad de fundaciones que se aprovechan de la coyuntura. Sin embargo, el premio que ha recibido el Cabildo a tan desastrosa gestión ha sido un presupuesto de 15 millones de euros para obras (que vienen a ser 5 años de recaudación de sus cepillos). Lo que, en el fondo, sigue la línea de aquel acto de entrega del Códice recuperado de manos del presidente al exdeán, al que solo le falto mojar el dedo en saliva y pasar las páginas como una maruja viendo el Hola en la Peluquería.

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2 Responses to Las cosas de la Catedral: chivo expiatorio

  1. Bueno, es un problema recurrente y generalizado: los intocables bienes de la Iglesia, que, en realidad, no son de la Iglesia sino de todos (cuando menos, repito, CUANDO MENOS, en tanto que valor cultural) en los que el párroco, cabildo, deán, canónigo o incluso sochantre, quien sea, hace lo que le da la gana porque él lo vale y porque eso es su cortijo.

    Yo siempre he pensado que habría que hacer una segunda desamortización, dejando a la Iglesia el usufructo de los templos al EXCLUSIVO fin del culto en horarios razonables y, el resto, gestión, recaudación y gasto de mantenimiento y restauración a la autoridad cultural, sea ésta nacional, regional o local, pero, en todo caso, pública (esa sería la diferencia con el invento de Mendizábal: no se venderían los bienes al mejor postor -con lo cual la cagó gloriosamente- sino que pasarían a ser de titularidad pública).

    Porque incluso históricamente, la Iglesia jamás se ha gastado un duro (o maravedí, o doblón) en el inmenso patrimonio inmobiliario de que disfruta: todo han sido graciosas donaciones con cargo al tesoro público (o tesoro real, según la época). Incluso las numerosísimas pequeñas ermitas desperdigadas por ahí, fueron realizadas por la propia gente del lugar con sus medios (no siempre sobrados, además) y ENTREGADAS PARA EL CULTO (no DONADAS en el sentido inmobiliario de la expresión) a la Iglesia. De donde las inmatriculaciones salvajes son un latrocinio sin precedentes, pero este es otro tema.

    Yo me pregunto cuál de tres fenómenos ha sido más dañino para el patrimonio cultural español: la invasión francesa de 1808, la barbarie ácrata de 1936-1937 (otros desastres de guerra aparte) o la rapiña sistemática efectuada por el clero durante más de mil años.

    • La historia ha demostrado dos cosas:
      1. La desamortización de Mendizábal fue un desastre sin parangón, una auténtica tragedia, para la conservación del Patrimonio Cultural. Si quieres un ejemplo típico, busca en google Santa María de Melón. Un desastre.
      2. La Iglesia es incapaz de entender que la titularidad material de un bien cultural no está por encima del concepto de patrimonio como bien colectivo. Al contrario, el reconocimiento de todos aquellos valores históricos y artísticos que identifican a un objeto cultural con la sociedad tiene prevalencia sobre el mero título de propiedad. Bueno, a lo mejor lo entienden muy bien, porque para el usufructo la Catedral es un bien privado pero para gastar en su restauración y conservación entonces tenemos que pagar todos, que es patrimonio.
      Yo creo que lo que hay es simplemente un problema de gestión combinado con una administración incapaz de ejercer su responsabilidad. Hay magníficos ejemplos de gestión sostenible, responsable y que no canibaliza los presupuestos públicos: Vitoria, Sevilla… Sucede cuando un Cabildo culto y con iniciativa se pone en manos de profesionales de la conservación del patrimonio. Pero cuando un Deán de casi 90 años deja las llaves de un incunable de 6 millones de euros colgadas en la sotana mientras da misa, pues eso.

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