BIM aplicado al Patrimonio Cultural
El retrato de Dorian Gray

El retrato de Dorian Gray

En medio de esta crisis de fin de ciclo que nos arrastra, cada uno de nosotros podemos encontrar aquel suceso, corruptela, mangancia o latrocinio que nos describe como país. Pero, del extensísimo, inabarcable catálogo de desgracias que nos asolan, en mi humilde opinión hay un hecho que nos representa mejor que ninguno, que aúlla a los cuatro vientos la “calidad” de la clase dirigente que tenemos la desgracia de sufrir.

Érase una vez un barco llamado Alfageme, un navío del montón, de infantería, una herramienta del trabajo industrializado, nacido y criado en los astilleros vigueses. Pasados los años, el navío fue amortizado, abandonado y rescatado del desguace para su restauración, en un proceso que ejemplifica magníficamente el proceso por el cual una sociedad se reconoce en un objeto, sea arquitectónico, artístico, folclórico o industrial, sea material o inmaterial, y lo convierte en un bien cultural. El Alfageme no es ya un barco, es un recuerdo de la industria naval viguesa y de la actividad pesquera que durante cientos de años dio sentido a la economía local.

Por otra parte en Vigo se desarrolló una curiosa historia acerca de un museo, Museo del Mar, que financiado y construido por el Consorcio Zona Franca, luego fue traspasado a la Xunta de Galicia pues, primero, no había dineros para mantenerlo y explotarlo, y segundo, el Concello de Vigo no quiso saber nada del muerto. Un museo que, pudiendo ser excepcional por muchos motivos (ubicación, temática, obra póstuma de un stararchitect, Aldo Rossi), languidece en medio de la mortecina asignación de fondos de una Consellería de Cultura que durante más de un decenio sólo tuvo ojitos para una Ciudad de la Cultura que ahora morirá inconclusa, válgame Dios, para este viaje tantas alforjas.

Así que, cuando se plantea que hacer en este caso, cualquiera de nosotros, con un mínimo, pero digo mínimo, sentido común, diría que nunca nacieron dos más destinados a amarse que el Alfageme y el Museo del Mar. Un objeto patrimonial exige una musealización cuyo único objetivo debe ser la difusión, conocimiento y comprensión de los valores contenidos en el bien cultural. Y que mejor lugar que un Museo del Mar, que con esta pieza, podría explicar de una tacada la tradición astillera y la actividad pesquera que dan sentido a la historia milenaria de un Vigo donde ya los romanos llenaron la costa desde Toralla hasta Teis de salinas y salazones. Cualquiera de nosotros que hemos peregrinado a Coruña a ver algunos de sus muchos museos acudiríamos prestos al acontecimiento de poder pasear por el interior de un barco de pesca de altura, conocer sus salas de máquinas, su puente, los camarotes donde los marinos pasan semanas encerrados, las artes de pesca y la ingeniería naval que le dio forma.

Pero cual retrato de Dorian Gray, la imagen que nos devuelve es el retrato insobornable de la “Verdad”, la de un alcalde incapaz e inculto, que planta un bien patrimonial en medio de una rotonda de una avenida de Vigo, con el paisaje del centro comercial de Alcampo de fondo museístico. Ahí queda el bicho, “precioso” en boca del mandamás, a la espera de que la falta de conservación, el vandalismo o el mero accidente acaben con él. Sin que ninguna administración de rango superior con mando en plaza ponga el personaje en su sitio, con los periodistas aplaudiendo con las orejas porque han vendido un 30% más de tirada de prensa local, y sin que el Director del Museo del Mar haya presentado su dimisión irrevocable o demandado al dizque alcalde por el atentado a un bien cultural. Ya sólo falta que un ejército de okupas con un par de sopletes lo conviertan en su guarida temporal.

Alfageme

Que aborrecimiento de país.

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